Vida Gótica

Vida Gótica

Un espacio para las almas oscuras

VISITAS

Un nuevo hogar

A todos los lectores de este blog:

Ofrezco unas sinceras disculpas por mi falta de dedicación y tiempo a este espacio. He estado resolviendo otros pendientes.
Quiero anunciar que pronto cerrare este sitio, pero abriré uno nuevo.

Agradecería su ayuda sabiendo que secciones quieren que se queden para el nuevo blog y cuales quisieran suprimir.

Besos sangrientos



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The suburbs, Arcade Fire

Memorias de un vampiro

Mi verdadero nombre no les diría nada, si lo mencionara se preguntarían “¿Quien es ese tipo? No me suena paea nada.” Pero algunos de ustedes tal vez recuerden a “A. van Helsing” el seudónimo con el que firmaba mis novelas de vampiros, que alcanzaron cierta fama hace algunos años. Como me río ahora de los vampiros literarios. De los vampiros de las novelas góticas, que huían de los ajos y las cruces y se ocultaban de día en frías criptas en cementerios abandonados. Y de los vampiros de las novelas modernas, todos muy bellos viviendo rodeados de lujo, melancólicos y románticos. Incluso me río de mis propias creaciones, todo y que eran mucho más cercanas a la realidad. Se preguntaran como puedo hacer esta última afirmación. Tal vez suene presuntuoso decir que mi visión de los vampiros era más real que la de otros autores, pero he podido constatarlo de forma empírica. Veran...ahora soy un vampiro. Todo empezó cierta noche de junio en que me encontraba en la terraza de un conocido bar del centro. Estaba tomando notas en una libreta, un esbozo de mi siguiente novela. Siempre empezaba mis creaciones en papel, me ayudaba a concentrarme en lo que hacía y hasta que no tenía una idea clara de como se desarrollaría el relato no tocaba mi computadora. Puedo oírlos desde aquí. Miré al hombre que había hablado. No le había visto sentarse a mi lado y lo atribuí a mi concentración en lo que escribía. ¿Como dice? Los engranajes de tu cerebro. Puedo oírlos desde aquí. Tu mente no para quieta, ¿eh?. Lo observé detenidamente. Aparentaba unos 30 años. Tenía un rostro agradable, de ojos oscuros de mirada profunda, nariz pequeña, labios carnosos y pelo negro y largo que le caía hasta los hombros. Vestía un traje claro y una camisa blanca que llevaba desabotonada casi hasta la cintura. Era un hombre atractivo a pesar de la gran palidez de su piel. ¿Quien es usted y que quiere de mi? Ya estaba acostumbrado a un cierto grado de fama y no habría sido la primera vez que un fán me pedía un autógrafo. Quien soy no tiene importancia, digamos que soy un fán. He leído tus novelas, me encantan tus personajes, son muy reales. ¿Reales? ¡Por amor de Dios, son vampiros! ¿Como van a ser reales? ¿Es que no crees en los vampiros? Claro que no. Son un mito. Un mito que me da de comer, es cierto, pero no por eso voy a creer en ellos. El hombre se puso a reír al oír mi respuesta como si le hubiera contado un chiste. Al hacerlo mostró su dentadura en la que resaltaban dos largos colmillos que sobresalían como un centímetro del resto. Había oído que algunos frikis de los vampiros se cambiaban sus propias piezas dentales por prótesis fijas para parecerse a los personajes de su obsesión, pero nunca me había encontrado con uno. Que curioso, tu acierto a la hora de describirnos me hizo pensar que habías conocido a uno de nosotros. Y ahora me dirá que usted es un vampiro. Desde hace casi 200 años. Esta vez el que se rió como de un buen chiste fui yo, pero eso no desanimó a mi interlocutor, esperó tranquilamente, con una sonrisa en los labios, a que cesase mi ataque de risa. Ya veo que no me crees. Pero puedo demostrártelo. ¿Como? Hoy aun no he cazado. ¿Te gustaría acompañarme? Dices que mis personajes son como los vampiros reales. Si. Mis personajes ocultan al mundo su condición. Son muy cuidadosos en ese punto. Y ahora tu quieres mostrarme como cazas. ¿No es eso una incongruencia? Si, pero ya te he dicho que soy uno de tus fáns. Me gustaría que me vieras en acción. Tal vez aquí deba hacer un inciso para explicar a aquellos que no habéis leído mis novelas (no os guardo rencor por ello), como son los vampiros que en ellas aparecen. Mis vampiros no actúan como los de otros autores. No son terribles y patéticos como en las novelas góticas, ni hermosos y melancólicos como en las novelas más modernas. Mis vampiros se comportan como gente normal. Con la simple particularidad de que viven de noche y se alimentan de sangre humana, se comportan igual que vosotros. La mayoría tienen empleos anodinos como taxistas en turno de noche, vigilantes nocturnos, etc. No lo necesitan realmente para vivir, pero les ayuda a pasar desapercibidos. El dinero que ganan en sus empleos lo gastan en lo mismo que vosotros. Renuevan su vestuario, pagan el alquiler... compran música o van al cine. Igual que vosotros. Esos empleos nocturnos, además, les dan la escusa perfecta ante sus vecinos para salir solo de noche. No precisan de lugares secretos de reunión para relacionarse entre si, ya que cuando dos vampiros coinciden en algún lugar, se reconocen entre si como lo que son, aunque no se hayan visto nunca hasta ese momento. Los ajos, las cruces, la plata,...no les afectan más de como afectarían a un humano. En cuanto a las estacas, si, son efectivas, pero... ¿que creéis que os pasaría a vosotros si os clavasen una estaca en el corazón? Fin del inciso. Acepté la propuesta del desconocido, que finalmente se presentó como Marcos. Tenía curiosidad por ver que clase de pantomima me había preparado para convencerme de que era un vampiro auténtico. Marcos insistió en invitarme y depositó sobre la mesa un billete que pagaba con creces mi consumición. Sin esperar el cambio, me indicó que le siguiera. Nos introdujimos en el casco antiguo, un laberinto de callejuelas estrechas y oscuras. Marcos parecía conocer la zona, ya que se movía por allí como si supiera adonde iba. Nos paramos ante un callejón más estrecho y oscuro que la mayoría. Este es un buen lugar, ven. Le seguí hasta el fondo del callejón que acababa bruscamente en un muro. ¿Es aquí donde cazarás a tu próxima víctima? Si. ¿Y como piensas atraérla hasta aquí? No lo has entendido, ya he atraído a mi victima. Antes de darme cuenta ya me había inmovilizado contra la pared. Note como clavaba sus colmillos en mi cuello mientras su mano apretaba mi tráquea para impedirme gritar. Poco a poco fue succionando mi sangre mientras yo sentía la vida escapar de mi cuerpo con cada sorbo de ese monstruo. Finalmente me soltó y caí al suelo sin fuerzas. Me miró con una sonrisa y pude ver como su piel absorbía las pocas gotas de sangre que su boca había dejado escapar. Ya sabes lo que viene ahora, ¿no? Le dirigí una mirada interrogativa. No estaba muy seguro de a que se refería. Puedes morir aquí, en este maloliente rincón, o puedes seguir viviendo...para siempre. Sacó una pequeña navaja de su bolsillo y se hizo un corte en el antebrazo. Tu elijes. Mire la sangre correr por su pálida piel y me pareció que brillaba con luz propia, y sentí su olor, un olor que se me antojaba dulce como la miel. Acerqué los labios a la herida y succioné con fuerza, el sabor era tan dulce como había supuesto. Bebí largamente, con glotonería, después perdí el conocimiento. Desperté tumbado en una cama, en una habitación completamente a oscuras. Como en mis novelas, los ataúdes no eran necesarios, bastaba con impedir la entrada del sol en una habitación. Volvía a ser de noche, aunque la ventana estaba bien tapada con una tabla de madera, de alguna manera lo sabia. Y por primera vez, sentí la Sed. Marcos entró en ese momento en la habitación y me sonrió. Ven, ya es hora, nos vamos de caza. Cazamos juntos esa noche y la siguiente y la siguiente a esa... Viví y cacé junto a Marcos durante casi un año, entonces lo abandoné. El me enseñó como sobrevivir con mi nueva condición. Eso es algo que nunca dejaré de agradecerle, pero también me hizo lo que soy ahora y eso es algo que nunca podré perdonarle. Ahora vivo en otro país. He adoptado otra identidad, pero para ganarme la vida sigo escribiendo. Entrego mi trabajo por correo electrónico y cobro mis honorarios directamente en mi cuenta del banco. Le conté a mi nuevo editor que tengo una rara enfermedad que me obliga a permanecer aislado, así no tengo que asistir a ninguna rueda de prensa o convención. No he vuelto a escribir ninguna historia de vampiros. Ahora escribo novelas románticas bajo seudónimo femenino y lo más divertido es que se venden mejor que las otras. Por las noches cazo y me alimento. Aún no he convertido a nadie ni tengo intención de hacerlo. Pero nunca se sabe. Si alguna vez uno de ustedes cree ver en alguna calle oscura a aquel escritor de novelas de vampiros que tanto os gustaban, no os acerquéis a pedirle un autógrafo. Lo mejor que podéis hacer es dar media vuelta y huir como si vuestra vida dependiera de ello. Por que así será.

Charlie Bit My Finger

Para siempre

Caminando bajo la Luna, siento cómo me escucha llorar amargadamente, alrededor del bosque expetante. Caminando bajo la lluvia, empapandome de recuerdos dolorosos, con el corazón roto, con un dulce masoquismo en mí. Le pido a la Luna, con hermosas palabras: "Dulce Luna, no me dejes nunca, tan grande y hermosa como una Diosa". Intentando consolarme, brillando más hermosa que antes, soplándome el viento, que en susurros me dice: "Todo saldrá bien". Llegando porfin al mar, miro fijamente las olas, que se agitan al ritmo de mis respiraciones, el viento solpa intensamente. como el palpitar de mi corazón. Mis lágrimas caen intensamente con el debido cercano a mis recuerdos, voy dejando huella, voy dejando sentimiento, voy abandonando poco a poco mi ser y pensamiento, cierro los ojos y me encuentro en medio de un Claro. Sorprendida y desorientada, te sentí de nuevo, tu cálido abrazo, y yo, más helada que una estatua. Cuando lloré, senti que me susurrabas; "Para siempre". Cuando por fin te abrazé y cerré los ojos, cuando sonreí y abri los ojos, vi un hermoso destello, detrás del infinito océano, mi sonrisa se desvaneció, seguía parada, contemplando los destellos rojizos y amarillos, que poco a poco iba adentrándose al cielo... ya me había despedido de la Luna, era el comienzo de otro día melancólico, no pude evitar llorar en mi profunda soledad. Y recordé de pronto, mi sueño en el claro, sentí desde mi mente tu abrazo. El Sol siguió saliendo, cási cobijándome con su calor, entonces recordé tus palabras... "Para Siempre". Por fín, lo comprendí, siempre habías estado conmigo, nunca me habías abandonado, que por fín, pude volver a sonreir otra vez. Y aún sigo aquí, enfrente del mar de donde partiste, hacía más de un tiempo indefinido... sigo aqui esperando tu regreso, y lo esperaré Para Siempre.

Connected

Egoista

Ha llegado el momento de irme,

y es muy difícil para mi dejarte

y olvidarlo todo,

“Debo pensar en mí,

y ser egoísta

para lograr

sobrevivir en este mundo.”

Algún día lo dijiste,

y algo dentro de mí

pudo notar que estaba mal,

pero ahora que lo pienso

con todo lo que esta pasando,

debo aceptar que es cierto,

y que es lo que debo hacer ahora…

Pero…

¿Cómo hacerlo?

¿Como dejar de amarte

y marcharme sin mas?

Tendré que empezar mi vida

de nuevo en otro lugar,

tratando de pensar en mí.

Debo ser egoísta…

pero hay algo

que me tiene atada a este lugar,

y quisiera arrancarme

esos sentimientos

y volverme fría,

no puedo irme

por que espero algo,

probablemente

que me digas

que me quede…

¡Pero no…!

¡No, no, no!

Tal vez necesito

que me digas que me vaya,

Si…

Dime que me odias,

que no me quieres tener aquí,

Dime que me marche

y que no vuelva más,

Dime que debo ser egoísta…

Quiero escuchar eso para saber

que no tengo nada más que hacer,

¿Lo harás?

¿Me dirás que me vaya, que nunca me amaste?

¿Cómo podré irme si no me lo haces saber?

Dime por favor

que no hay razón para quedarme,

Que todo esta perdido…

¡¡¡Que no hay nada que hacer!!!

Dime que debo ser egoísta…

Déjame ir…

solo tienes que decirlo,

Si me quedo solo voy a sufrir,

Voy a perder mi vida deseando la tuya,

Y por más que trato,

no puedo ser egoísta,

¡¡¡Debo serlo!!!

No quiero…

Si me marcho,

voy a tener una vida vacía,

Me despertare todas las noches

pensando en ti,

En lo miserable que me he vuelto…

Dime que me odias,

Dime por favor que me vaya…

Debo ser egoísta…

Aunque me vaya o me quede,

Seguiré con el mismo sentimiento

de vació por dentro,

Pues no te tengo,

Es por ti que quiero irme,

Y es por ti que no me voy…

No puedo ser egoísta…

No puedo, ni siquiera mi orgullo

ha sido capaz de vencerme,

No puedo renunciar a mi amor,

No puedo llenarme de odio hacia ti,

Te amo,

¡Maldita sea, te amo mas que a mi misma!

Y no quiero perderte,

pero…

¿Qué mas puedo hacer si ya te perdí?

Debo olvidar…

Y ser egoísta.


Mi último poema....

Para Jan

Dama palida

Amiga de la yerba, ansiosa de naranjas,

donde despierta un ave, y muere la rosa.

Te escapas de mi vida,

te sales de las manos

como del crepuesculo

un fulgor de palomas.

Estas cerca y sin embargo;

estas en otra parte,

quizas frente a ti misma;

doblada en olas de ausencias

que recorren tu cuerpo iiluminado

hecho para un camino largo

de mimos y cantos.

Escapada del sueño sutil como tu gracia,

escapadas del encuentro

de esplendedor meridiano,

como en tu cabellera

que huele a cien tristezas

hay en tu alma un pueblo

donde llovio esta tarde.

Y cinmueve a la gentes

con su olor a mojado

y hace mas bueno

el pan sobre la mesa pobre

estas cerca,

y sin embargo estas en otra parte.

Como al mojado campo

te construyo entre perfumes.

 

La novia del vampiro

Abrí los ojos. Tenía el cuerpo entumecido y magullado y estaba desorientada. Me encontraba en el centro de una habitación sin ventanas que olía a cerrado, iluminada únicamente por una triste bombilla, justo en centro, lo que provocaba que, todo aquello que se hallaba fuera del círculo de luz, fuera para mi un mundo desconocido. Tampoco podía moverme. Mis tobillos y muñecas estaban esposados a una silla de metal, que a su vez, estaba atornillada al suelo. No sabía cuanto tiempo llevaba allí encerrada, ni quién me tenía retenida. Y, para empeorar un poquito más la situación, no tenía ni familia ni amigos que se preguntaran dónde me había metido. Los únicos que podían echarme en falta eran los compañeros de oficina, y tampoco. Primero, porque la inmensa mayoría no sabía ni mi nombre y segundo, porque para los pocos que sabían de mi existencia, yo iba a estar de vacaciones los próximos 15 días. Sin saber cómo, me había metido en un lío muy muy gordo... Como ya habréis imaginado, nunca he sido el alma de la fiesta. Mi vida social es, ha sido y será, prácticamente inexistente. A pesar de estar rodeada de gente, nunca se me ha dado bien eso de hacer amigos. Soy la típica chica que siempre está sola. En el cine, en la barra del bar, en los museos... Mi obsesión, Edvard Munch, me mantiene ocupada cuando no tengo que trabajar. Me siento totalmente identificada con su obra. El Grito” o “Atardecer en el Paseo Karl Johan” son de mis preferidas, porque en ellas me veo reflejada. Parece que este hombre pintaba mi vida En cuanto hay alguna obra suya expuesta en museo de la ciudad allá que voy, me pasp las horas muertas observándolas. Sé todos los detalles de cada una de sus obras, la técnica usada, la gama cromática, su vida, sus manías... La verdad es que me hubiera gustado vivir en su tiempo para poder conocerlo. Seguro que era un tipo como yo, solitario, y raro a ojos de los demás. El último recuerdo que tengo antes de despertar aquí es del viernes. Ese día, después de trabajar había ido a la biblioteca a devolver unos libros, y después al museo. Habían traído “El Grito”. Visto en la pared era aun más espectacular, transmitía la angustia y la soledad de una forma que casi la podía sentir en mi piel. Estaba embobada, sin poder quietar los ojos de él. Y el tiempo pasó, y no me di cuenta de que iban a cerrar. Así que un visitante se me acercó y me avisó. De él solo recuerdo su mano fría y contundente, porque al volverme para agradecerle el aviso, ya no estaba. Así que recogí mis cosas y salí del museo. Recuerdo que eran las 21h 30, el autobús no terminaba de pasar y me aburrí, sola en la parada, de modo que decidí cenar algo y tomarme una caña antes de irme a casa en taxi. Ya cenada, entré en un bar donde tocaban Jazz en directo, y me quedé allí. Se estaba a gusto. El ambiente estaba en penumbra, nadie se fijaba si estabas sola o acompañada, nadie te miraba. Eras invisible. Entre actuación y actuación, me pareció escuchar la voz del desconocido que me había avisado en el Museo, pero como no sabía cual era su rostro, ni miré. Pero él si me vio, porque a los pocos minutos estaba pidiendo permiso para sentarse en mi mesa. Me sorprendió lo que vi. Tenía sentado delante de mi a un muchacho de una belleza sin igual, muy pálido, con los ojos claros y el pelo muy negro. Como únicamente recordaba sus manos, no pude reprimir la curiosidad de mirárselas. Estaban muy cuidadas y parecían suaves. Me quedó la duda de si estaban frías o no. Estaba extrañado de que una chica como yo se hubiera pasado la tarde mirando “El Grito”, y quería saber porqué. No supe qué contestar. Fue tan directo que me dejo fuera de juego en cuestión de segundos. No quería decirle que mi vida era patética, que mi familia había muerto y que tenía serios problemas para relacionarme con mis semejantes, de ahí que tampoco tuviera amigos, así que preferí callar. Pero él no estaba dispuesto a rendirse, e insistió. No podía entender que un viernes por la noche estuviera sola en un bar. Lo del museo, bueno, Munch es un artista un tanto especial y, o lo adoras o lo odias, no tiene término medio, pero esto escapaba a su comprensión. Así que, visto que no me iba a dejar en paz tan fácilmente, le conté lo justito como para que se callara. Que no me gustaba la compañía y que no tenía familia. Parece ser que le sirvió, porque no preguntó más, pero decidió que su compañía si que me iba a gustar, estaba dispuesto a demostrarlo quedándose toda la noche conmigo. No tenía otro plan, así que acepté. Pasamos el rato hablando, entre caña y caña, de arte, de historia, de inventos... un sin fin de temas, algunos sin sentido, otros profundos... Era agradable. Y a eso de 3 de la mañana, decidí que estaba cansada y me despedí. No hubo ni intercambio de teléfonos, ni ningún “ya nos veremos en el museo”, ni me acompañó coger un taxi... nada. Cada cual por su lado. Bueno, había estado bien sentirse “normal” por una noche. Me encaminé a la parada de taxis, vacía. Llamé por teléfono para que me enviaran uno, imposible. Después de más de media hora, decidí ir andando. No es que viviera muy cerca de donde me encontraba, pero, como hacía muy buena noche y además, esta harta de esperar, me pareció una buena idea. De camino a casa escuché gritos en el callejón paralelo a la calle por la que circulaba y me asusté. Aceleré el paso y unos 50 m. más adelante, Él, esperándome. Cuando menos, era raro. Allí quieto, con su abrigo negro, su bufanda y su pelo al viento, parecía como sacado de una de estas películas antiguas cual héroe que espera a la dama para salvarla... me pareció, después del susto inicial, hasta romántico. Al llegar hasta donde se encontraba vi en sus ojos algo que antes no estaba, y que no sabría expresar. Pero algo había cambiado. Me tomó de la cintura y me empotró contra la pared de mi derecha, dejándome entre ésta y su cuerpo, y allí, sin apenas poder respirar me besó. Fue un beso violento, lleno de pasión que degeneró en otros besos igual de violentos por la cara y el cuello. La excitación que sentía era máxima. Nunca nadie me había besado de esa forma ... tan ... tan ... apasionada. Me sentía en el séptimo cielo, a punto de desfallecer y, al instante siguiente el cuello me dolía como si estuviera a punto de explotar. El dolor era tan intenso que debí desmayarme. Y del callejón a la silla, es todo un abismo negro. Estaba tan concentrada en recordar cómo había llegado hasta aquí que no me di cuenta de que alguien me observaba desde las sombras de la habitación. Era él. Me miró fijamente, con una intensidad antinatural. Podía sentir cómo me atravesaba. Rodeó lentamente la silla en la que me tenía presa. Se me puso en frente y se sentó a horcajadas sobre mi. En sus ojos se vislumbraba un deseo tan inmenso que cualquier humano hubiera muerto solo por el esfuerzo de contenerlo dentro. Pero él no era humano y su deseo escapaba a mi comprensión. No me deseaba a mi, sino a algo que yo tenía. Me volvió a mirar, y su gélida sonrisa me estremeció. Se inclinó sobre mi cuello, aspiró profundamente, como si mi aroma lo volviera loco de placer y me mordió. Noté su aliento frío y el mismo dolor del callejón. Luego, nada, oscuridad y vacío. Volví a abrir los ojos, y allí estaba, esperando pacientemente. Cada vez me sentía peor, más débil, y esa maldita silla ... estar siempre en la misma posición me estaba haciendo polvo. Y estaba segura de que él lo percibía, mi malestar, mi miedo ... No sabía cuanto llevaba allí, ni cuantas veces me había sometido a la misma tortura. Me había costado comprenderlo, pero ahora lo sabía, era un vampiro. Cuando se lo pregunté, me sentí ridícula, pero su sonrisa diabólica me lo confirmó. Era un VAMPIRO!!! Estaba perdida, nunca, nunca saldría viva de ese cuarto. De nuevo me mordió. De nuevo me sumí en la oscuridad y una vez más desperté. Pero esta vez estaba al borde de la muerte. Miré al frente y allí estaba él, otra vez. Pero ahora, en vez de morderme, soltó las esposas de la silla pero me dejo un par de ellas atado a las muñecas. Me cogió en brazos, pasándose las esposas por el cuello, de modo que me obligaba a abrazarlo, y salimos de la habitación. Fuera era de noche y hacía mucho frío. En cuestión de minutos, estábamos en mi casa. Yo ya no me cuestionaba las cosas, partiendo del hecho de que era un vampiro, todo podía pasar. Además, estaba muy cansada y muy débil como para intentar nada. Me cuidó noche tras noche hasta que me recuperé. Y cuando estuve mejor, se marcho. Me dijo que me gustara o no, yo era suya, que tenía un alma oscura como la suya, y que esa alma era una mitad y que la otra mitad era la suya. Nunca estaríamos completos de no estar juntos. Cuando me encontró en el museo, no lo podía creer. Me Siguió, me olió, se aseguró de que fuera real. Le revolucionaba la sangre el hecho de estar cerca de mi. Me secuestró y me sometió al proceso de transformación de un alma oscura. Pero en el último paso, decidió dejarme libre ... “Siempre has estado sola porque tu alma me esperaba a mi. Pero para estar conmigo eternamente deberás morir y transformarte en lo que yo soy. Es una carga inmensa, por eso, no podría perdonarme hacerte eso sin tu consentimiento. Si deseas estar conmigo, buscarme y te llevaré conmigo. Pero si no me buscas, no te molestaré” Dicho esto, desapareció. Estaba echa una pena. Mi cuello lo tenía lleno de moratones y mordiscos. La cara la tenía demacrada. Apenas podía andar. Seguramente habría perdido mi trabajo, y aunque quería odiar a ese ser, sentía un vacío tremendo ahora que ya no estaba. A pesar de lo que me había hecho, le echaba de menos. Igual era cierta la historia que me había contado. Vague por las calles, pensando en él, buscándolo con la mirada en bares, cantinas y callejones. Nada. El dinero ahorrado poco a poco se me iba terminando. Mi estado de ánimo estaba cada vez peor. Iba a morir de pena. ¿Qué me había pasado? Ya había tirado la toalla, no iba a buscar más y entonces ... Allí estaba, con una chica en los brazos, dejándola literalmente seca. Me vio y automáticamente una sonrisa apareció en sus comisuras. Y me pareció el hombre más atractivo del mundo. Se acercó a mi, nos besamos cómo en la primera noche, de manera violenta y apasionada. Una vez más sentí el dolor agudo en le cuello y la muerte me vino a buscar. Pero antes de que pudiera llevarme, mi amor me rescató. Juntos para siempre. Adiós Soledad. Mi nombre es Naya, soy La Novia del Vampiro.

Across The Rainbow Bridge, Amon Amarth

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Frase de la semana

Hacia donde mirar cuando el sol cae en nuestras vidas y ante nosotros solo aguardan pensamientos perdidos y sueños de soledad.

 

Tikel Parsin

 

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