Vida Gótica

Un espacio para las almas oscuras

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El romance de la momia

Es una novela del escritor Theophile Gautier publicada en 1858. Cerca del río Nilo, en el ignoto valle de Biban el Molouk; un joven aristócrata ingles y un sabio alemán descubren una extraña tumba que jamás ha sido profanada. En la expedición son asistidos por otro personaje, un bizarro erudito en egiptología, el griego Agryopoulos. Aquella tumba ha estado cerrada durante 3500 años. Sus salones y laberintos permanecen intactos, ya que nadie se ha atrevido a violar sus secretos. Rápidamente, el grupon intuye que no se trata de una tumba normal, sino de un lecho real: la tumba de un faraón. Luego de arduos trabajos, el equipo llega finalmente hasta el sárcofago, cubierto por una enorme losa de basalto negro. Al abrirlo se encuentran ante una momia perfectamente conservada: es una mujer de facciones hermosas y delicadas. Tras el descubrimiento de la momia Theophile Gautier nos transporta al antiguo Egipto, donde nos relata los avatares de esta mujer, y el extraño destino que pesa sobre su carne.

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Kuroshitsuji Capitulo 4 (3/3)

A partir de la medianoche

El frío penetraba por las rendijas de las ventanas. La vieja cabaña crujía por el peso de la ventisca mientras dos jóvenes se refugiaban en una gruesa manta en la cama de su vieja casa. Era el año 1789 cuando los dos jóvenes eslavos se habían encontrado en la vieja cabaña del abuelo de Frederic. Ella era campesina y estaba prometida con un mercader de lanas que le dio a su padre cinco ovejas a cambio de su hija. Frederic se enamoró de Ratza en cuanto la vio en el pueblo luciendo su vestido de campana y portando una cesta llena de comida.
Frederic tenía cerca de los treinta años y siempre había estado soltero porque le gustaba la vida de libertinaje que llevaba pero aunque quiso conquistar a Ratza como una más, le cautivó su voz, su precioso cuerpo, su pelo negro como la noche y sus ojos verdes. Estaban enamorados y no les importaba el temporal que se escuchaba fuera. Transilvania era un país frío y en los días de invierno, solo los más estúpidos salían del calor de sus hogares. Los más estúpidos o los más apasionados, como ellos.
Ambos dormían ya que habían pasado una tarde muy fogosa y estaban exhaustos. Él había estado cazando por la tarde y ella se reunió con él al anochecer. No querían que nadie les viera juntos y por eso tenían que verse a escondidas.
Estaban abrazados y disfrutaban del calor mutuo como si fuera lo más precioso que había en el mundo, mostrando ambos una sonrisa satisfecha en sus rostros dormidos.
Entonces alguien llamó ruidosamente a la puerta.
- ¡Abran! - gritó un hombre de unos cincuenta años -. Abran la puerta por favor. Necesito ayuda, socorro.
Frederic despertó, asustado. Pensó que les habían pillado y saltó de la cama, frenético, buscando su ropa para ponérsela cuanto antes. La imagen del prometido de Ratza le vino a la mente y pensó que venía para matarlos. Ella se despertó igual de asustada y tardó en reaccionar cubriéndose el pecho desnudo con la manta.
- ¿Quién es? No tienes por qué abrir - dijo ella.
- No podemos permitir que nos descubran - replicó él -. Vamos levántate y vístete. Y mientras vete inventando cualquier excusa...
- ¡Por favor! Ayúdenme - gritó el de la puerta de nuevo, golpeándola con fuerza.
- Abre, por Dios, igual está desangrándose - pidió Ratza.
- Voy a ver...
Frederic se aproximó a la puerta con evidente miedo. Abrió, sujetando la hoja de la puerta con su bota por si era una trampa y alguien quería abrirla de golpe. Su sorpresa fue mayúscula cuando vio a un hombre jorobado, de un metro sesenta de estatura, tratando de calentarse las manos frotándolas entre sí.
- ¿Qué ocurre? - preguntó Frederic, molesto.
- Por favor, déjeme entrar - dijo el jorobado, mirando insistentemente tras su espalda. Era inquietante ya que no se veía mucho más allá de cinco metros debido a la oscuridad y la ventisca de nieve.
Frederic abrió la puerta, sintiendo remordimientos de haberlo hecho cuando vio al jorobado dentro de la casa y a su amante saliendo de la cama, desnuda y buscando su ropa, con la puerta de la habitación abierta de par en par.
- Oh, disculpen - el jorobado la miró intensamente un segundo, regocijando su mirada en el bello cuerpo de la joven y luego, lentamente apartó la mirada como si se disculpara así de haberla mirado.
Cuando se dio cuenta de que había sido examinada de pies a cabeza por el jorobado se cubrió con la manta de nuevo. Ratza miró con odio a Frederic por no haberle dado tiempo a cambiarse, por no haber cerrado la puerta de la habitación y por dejar entrar al desconocido.
Frederic cerró la puerta de la calle con el madero y lo aseguró por miedo a que llegara una manada de lobos o gente con antorchas buscando a ese hombre. En realidad no sabía de qué tenía miedo salvo de la vasta oscuridad y los copos de nieve cayendo de lado.
- ¿Qué le pasa?, ¿de qué tiene miedo?
- Es la comida. Tenéis que cuidar lo que coméis.
- ¿Está loco? ¿Le persigue la comida?
- ¡No! - gritó, colérico el jorobado -. En la comida está el mal. Vengo de las montañas, en las aldeas del norte la gente está afectada por el mal.
- ¿Qué mal?
- Tengo que avisar al pueblo. Trataré de volver. Háganme caso, no coman nada. Y ante todo y por encima de todo, si alguien llama a la puerta a partir de la media noche, no abran.
Dicho eso el jorobado volvió a mirar hacia atrás, hacia Ratza y al verla vestida le hizo un gesto de saludo con la cabeza.
- ¿Qué pasa a la media noche? - preguntó ella, asustada.
- Ellos salen de sus tumbas...
El jorobado sacó el madero que encajonaba la puerta y abrió con parsimonia.
- Aún estoy a tiempo de avisarles a todos - dijo -. No salgan de casa hasta que despunte el alba.
Y salió por donde había venido.
Frederic se lo quedó mirando mientras se perdía su encorvada figura por la oscura ventisca.
- Cierra, que hace mucho frío. ¿Para qué dejas pasar a ese loco?
- Creí que le perseguía alguien.
- Pues le cierras la puerta, no es tan difícil. El muy canalla me ha mirado con lascivia mientras me vestía.
- Apenas te ha visto, mujer.
- ¡Y puedo saber por qué me ha visto desnuda un desconocido! - ella le golpeó el hombro, furiosa.
- Lo siento, Ratza. Me cogió de sorpresa.
Ella terminó de vestirse y fue a ver la despensa de comida. Allí había tierna carne de venado recién cazado y al verla le entró apetito.
- No hemos comido nada en horas. Ahora que ese loco ha hablado de la comida quiero cenar.
- Ha dicho que no comamos nada.
- ¿Y vas a hacerle caso? ¿Cuántas veces hemos comido venado asado?,¿qué nos puede pasar?
- No deberíamos comer nada - dijo Frederic preocupado.
- Vamos no seas tonto, no te creas esas tonterías. ¿No escuchaste lo que dijo? "Ellos salen de sus tumbas...". ¿Quienes salen? ¡Los gusanos! ¿No creerás en los fantasmas?
- No, claro que no.
- ¿Entonces? Tengo hambre, prepara algo en la chimenea y te espero en la cama, calentita.
Ratza se quitó la blusa y con picardía se bajó de nuevo la falda. Caminó sensualmente hacia la cama y se refugió en la gruesa manta de lana blanca.
- Está bien - dijo Frederic sonriente, imaginándose lo que haría con ella en cuanto se reunieran en la cama.
Cogió su cuchillo de caza y cortó un grueso filete. La sangre manchó sus dedos de color rojo oscuro y sintió un extraño apetito por chuparse los dedos. La sangre le llamaba la atención de una forma extraña, casi hipnótica. De forma instintiva se llevó los dedos a la boca y chupó la sustancia roja que tenía pegada en ellos. Su lengua sintió el sabor a hierro, su garganta experimentó algo que nunca había experimentado. Sintió tanto placer al chupar esa sangre que volvió a tocar la carne de venado y volvió a chuparse los dedos con deleite apasionado.
Sintió un fuerte dolor en el pecho. Eso le devolvió la cordura...
- Qué he estado haciendo - se dijo, incrédulo. Se vio los dedos manchados de sangre y sintió asco. Se limpió en la palancana y volvió a agarrar el filete para cortarlo sobre la mesa.
Terminó de cortar la carne en pedacitos pequeños y puso la vieja sartén sobre el hierro que descansaba sobre las ascuas ardientes de la chimenea. Se preguntaba qué le había hecho hacer algo tan asqueroso como chupar la sangre cruda. Alimentó el fuego con nuevos troncos y disfrutó viéndolos arder, escuchando su repiqueteo cuando empezaban a quemarse.
Echó la carne sobre la sartén y la removió con la cuchara de palo que tenía. Sintió que al quemarse la sangre perdía ese aspecto apetitoso. Al ver el jugo y oler el rico aroma de la sangre, quiso que ella supiera lo deliciosa que era la sangre fresca y deseó dejar la carne medio cruda para que ese delicioso jugo deleitara su garganta al igual que le deleitó a él.
Las campanas del pueblo comenzaron a dar la hora. Ni siquiera sabía la hora que era. Los lentos repiqueteos le distrajeron de su labor de cocinero, una, dos, tres campanadas, cuatro, cinco, seis, siete...
Alguien llamó a la puerta. Su corazón se detuvo del susto.
- ¡Abran la puerta! - gritó una niña desde fuera -. !Por favor!
Ocho, nueve, diez.
Frederic corrió hacia la puerta y abrió. Era una niña de pelo rubio y largo y sonreía de forma muy rara. Tenía unas extrañas cosas blancas en la boca, parecían largos colmillos.
- ¿Puedo entrar? - preguntó con una voz de mujer mayor -. Tengo frío, tengan piedad de esta pobre niña.
Frederic no lo pensó ni un instante y le cerró la puerta en las narices. Esa niña tenía algo diabólico en la mirada.
- "No coman nada" - se dijo, aterrado. Él había comido... había chupado la sangre.
Sonaron once y doce campanadas cuando el reloj se silenció. Era justo la media noche cuando Frederic cayó desplomado al suelo, muerto.


Ratza seguía esperándole en la cama porque no vio lo sucedido en la puerta. Seguía desnuda, imaginando a su amante entrando en la habitación deseando tomarla de nuevo. Entonces empezó a sentir el olor a carne quemada y decidió que algo raro estaba pasando fuera. Salió de la cama, se vistió y abrió la puerta. Al ver a su amante tendido en el suelo y la chimenea soltando humo negro corrió a quitar la sartén del fuego y al ver la carne calcinada le echó agua encima para que dejara de humear. Luego fue junto a Frederic y empleando todas sus fuerzas consiguió darle la vuelta a su cuerpo. Estaba helado y su piel estaba empezando a estar azulada.
- Dios mío, está muerto - se dijo, tapándose la boca horrorizada.
Alguien golpeó con los nudillos en la ventana de vidrio. Asustada fue a ver quién era y cuando se acercó vio a una niña vestida con camisón blanco flotando en el aire como un fantasma. Pero era real, nítida y pálida. De su boca salían dos colmillos que le salían de la mandíbula superior. Sus ojos eran extraños, eran de color rojo y se veían claramente en la oscuridad.
El terror la hizo chillar y cerró los postigos interiores, cubriendo por completo el vidrio.
Al darse la vuelta vio a Frederic poniéndose en pie. Tenía tanto miedo que no pensó que estaba bien y que podía ir a abrazarlo y besarlo. Algo en sus movimientos delataba que no era el Frederic que conocía. Se movía despacio y como si disfrutara de su propio poder de movimiento. Era como si algo hubiera poseído su cuerpo o al menos esa fue la sensación que transmitía al mover primero la espalda y luego los brazos como si se llenaran de dentro a fuera de vida. Una vida espectral y escalofriante.
Al mirar hacia atrás, su cuello se giró 180 grados sin mover antes su cuerpo. Tenía los ojos rojos y de su boca salían largos colmillos. Su boca mostraba una extraña y escalofriante sonrisa y su piel seguía azulada. Seguía muerto.
Ratza no se dejó llevar por el pánico y corrió a la habitación, empujó con su cuerpo la ruda puerta de madera del dormitorio y esta se cerró de un portazo. Luego, con las manos temblorosas comenzó a correr el cerrojo. Cuando lo consiguió mover del todo sintió un golpe desde fuera. La fuerza del golpe fue tan grande que hizo temblar toda la casa.
- Ratzaaaa - dijo Frederic con voz espectral -. Déjame entrar cariño.
- ¡Tú no eres Frederic! - gritó ella, llorando.
- No seas mala, abre la puerta o le diré a tu padre lo nuestro.
- No es él, no le escuches - se dijo, tratando de taparse los oídos.
Entonces reparó en la ventana. Si ese demonio que había poseído el cuerpo de Frederic se lo proponía podía echar la puerta abajo y solo Dios sabía lo que haría con ella. Se puso todas sus ropas de abrigo y abrió los postigos de la ventana. La niña ya no estaba ahí fuera. Podía salir de casa y escapar sin que él se diera cuenta. Correría hasta su casa y les avisaría del peligro que había ahí fuera.
- Ratzaaa - volvió a escuchar al otro lado de la puerta.
La chica abrió la ventana y sintió el cortante aire frío golpeando su rostro. Enfundada en su abrigo, bufanda y guantes, se subió a una silla y saltó fuera de la ventana. La nieve amortiguó tanto la caída como el ruido que produjo al caer. Al escuchar que Frederic seguía llamándola desde el otro lado se sintió a salvo y echó a correr ladera abajo, directa al pueblo.

Llegó hasta la casa de su padre y golpeó la puerta con fuerza.
- Papa, por favor, ábreme la puerta - exclamó, gimoteando de miedo.
Volvió a golpear la puerta con fuerza y volvió a suplicar. Entonces se encendió una luz en el interior de su casa. Estaba salvada. Escuchó pasos acercándose y finalmente se detuvieron en la puerta.
- ¿Ratza? ¿Eres tú?
- Sí, papa, ábreme la puerta, por favor.
- Espera un momento hija.
Sin embargo se alejó de la puerta. ¿Qué demonios estaba haciendo? Frederic podría estar siguiéndola. Necesitaba entrar ya y su padre solo tenía que descorrer el cerrojo de hierro, ¿a qué estaba esperando?. Después de unos interminables segundos los cerrojos se abrieron y vio el rostro de su padre. Su mirada era de dolor y la miraba con lágrimas en los ojos.
- ¿Ratza? - preguntó de nuevo.
- Papa, déjame entrar, tengo miedo.
- Sí hija. Pasa.
Abrió la puerta como si le costara trabajo hacerlo. Sufría dejándola entrar y ella no entendía por qué. Se apresuró a entrar y cuando le dio la espalda a su padre sintió que la golpeaba en la cabeza con algo metálico y duro. Cayó semi-inconsciente y sintió cómo su padre la daba a la vuelta mientras lloraba de desesperación. Ratza luchó por volver a moverse pero la cabeza seguía retumbando y sentía cómo si le sangraban las encías. Su pecho se negaba a respirar. El golpe casi la había matado aunque sentía que su cráneo seguía entero.
Quiso preguntarle por qué la había golpeado pero él no parecía querer escucharla. Entonces vio que en sus manos tenía un martillo y una estaca de madera.
- Adiós hija mía - dijo, con las lágrimas chorreando por su rostro.
Ella se resistió y consiguió mover las manos tratando de detenerlo, pero su fuerza no tenía nada que hacer con la de su padre. Este le colocó la estaca en el pecho y con la maza se la hundió, atravesándole el corazón y saliéndole por la espalda fijándola al suelo. Ratza deseaba entender cuando vio por el rabillo del ojo la figura del jorobado. Antes de perder el último aliento de vida, escuchó:
- Ha hecho lo correcto, señor. A partir de la media noche, solo vienen ellos.

Antonio J. Fernández Del Campo

Kuroshitsui Capitulo 4 (2/3)

Todo cambió de repente

Era la mañana del 17 de Abril del 2015, el sol apenas salía y el despertador a sonar comenzaba. Y ahí estaba yo... En mi cama durmiendo mientras el despertador sonaba, pego un salto y lo apago rapidamente, me visto.
Pasados unos treinta minutos ya estaba rumbo a mi empleo (Empleado de Archivo en una empresa) en cuanto escucho un pequeño grito proveniente de un callejón, si, una mujer gritaba desconsolada con su cuello ensangrentado.
- ¿ Que ha sucedido ? - Le digo con una expresión sorprendida y asustada a la vez.
- Algo... Algo me mordió
Al instante comenzó a desvanecerse, la agarré fuertemente de la cintura, en cuanto abrió los ojos... Noté algo raro ¡ Eran rojos !
- ¡ Mierda ! ¿Que le ha pasado en los ojos?
Sin responderme ella se zafó de mis manos y se avalanzo sobre mí, por buena suerte logré evadirla y calló al suelo golpeandose, un policía llegó.
- ¡No se le acerque! - Grité yo intentando ayudar al policia a que no resulte herido... Pero... Ella se avalanzo sobre él mordiendolo y al levantarse, lo mismo...
Comencé a correr como un medallista olímpico, entre los gritos de las personas y los policías, llegué a mi trabajo alfín. Para mi sorpresa, no había nadie y la puerta estaba cerrada, corrí hacia mi casa como pude hasta llegar... Que alivio.
En cuanto intento detenerme a pensar en mi sofá, enciendo la televisión, un reporte...
- Señoras y señores, les informamos que ha habido un desplome biológico de causas extrañas, se les recomienda no salir de sus casas y permanecer encerrados si se es posible. En pocos minutos volveremos con una advertencia de seguridad Nacional.
- ¿QUÉ? - Me pregunté escandalizado
De verdad la cosa era seria y no pintaba para bien... decidí ir por las armas en el sótano, estaban allí, las cargué y subí a mi automovil para luego encenderlo y conducir fuera de la ciudad. Saliendo de mi casa, un hombre corría con una escopeta escandalizado, perseguido por tres de ésas cosas, rapidamente di un trompo con el automovil arrollándolos y haciendole subir.
- ¡Gracias amigo! - Dijo asustado, aun temblaba.
- De nada supongo - Aun mirando a la carretera.
- ¿Sabes que pasó verdad? - Preguntó él.
- No, solo lo que vi en la televisión y nada más. - Le dije concluyendo.
- Hubo un accidente en un laboratorio de la corporación Ferrel, la biotecnologica.
Tragué saliba, allí trabajab yo, me asusté un poco.
- ¿Accidente? - Pregunté asustado.
- En efecto - Contestó
- Yo trabajaba para Ferrel... - Le dijé sincerandome
- ¿ Como laboratorista ? - Me pregunto algo nervioso
- No no, solo como archivario.
- Ah, entonces todo igual...
Pasé la noche conduciendo, Atlanta se alejaba poco a poco de mi retrovisor... Esperaba llegar a Macon para aclarar las cosas...
Ya a las 4 de la mañana llegamos a Macon, no había nadie en la calle, una espesa neblina lo cubría todo... Decidí parar el coche. Al bajarme, una luz roja noté en mi pecho, era un arma con mira Láser. Levanté las manos, la luz cesó y un grito enérgico me estremeció.
- ¡VENID! - Dijo una voz estridente desde una ostentosa casa, muy bien franqueada.
La puerta de rejas se abrio poco a poco para permitirnos la entrada a la casa, un extraño nos abrio la puerta principal.
- ¿Estais bien? - Pregunto él
- ¡Sí! - Respondimos al unísono
- Pues entonces pasen, ahí vienen...
Y una olada de gritos similares a gemidos se acercaba, pude ver siluetas de gente corriendo... Eran ellos ?
Permanecimos en la casa toda la noche y al fin pude descansar unas horas.
Me levanté a las 8 de la mañana, rodeado de municiones y mantas, el frío era inexplicable. Cuando llego a la cocina, los otros ya estaban despiertos y obervando unos mapas.
- ¿Que sucede? - Pregunté optimistamente.
- Estamos trazando un plan para llegar a Miami o a Orlando, así estaremos seguros - Respondió el tío que recogí en Atlanta.
- ¿Por cierto, cuales son sus nombres? - Pregunte algo nervioso
- Phil - Respondio el primer extraño que conocí.
- Zachary - Respondió el segundo extraño.
- Bueno, es un plcer conocerlos a pesar de todo - Emití dos pequeños ja ja.
Ellos siguieron trabajando y mientras yo fuí a asearme, estaba hecho un asco.
Cuando apenas termine de vestirme, decidieron que continuasemos hasta Tallahase para ver si los Militares aun estaban allí, al llegar al garage... ¡ Uno de ellos ! Estaba colgado del techo y nos miraba de una manera demasiado descontenta.
- ¡CORRAN! - Grité yo, y en efecto, lo hicieron. Quedé sólo con el predador y lógicamente, se avalanzo sobre mí, luego, inconsciencia.
Desperte sintiéndome extrañamente bien, pero algo no andaba bien, podía sentirlo. Estaba con mi cuello cubierto de sangre y con dos de esas cosas sentadas de espaldas a mí mirando como si nada.
Me levanté muy facilmente, casi flotando e intente cojer del cuello a uno, almenos me cobraría venganza, pero justo antes de hacerlo... Hablaron algo muy peculiar.
- Dos lograron escaparse, éste ya está con nosotros.
¿Iban a comerme? ¿A extorcionarme? No lo sabía pero estaba aterrado, uno de ellos se fue por la entrada corriendo a una impresionante velocidad. El otro lo hizo un segundo después.
Al ver la oportunidad perfecta, me eché a correr, bastante mas rápido que de costumbre, extraño. Fui ahasta la casa, pero ya no estaban, solo quedaba una vieja motocicleta, la encendí y cogí una vieja escopeta del garage de Zach.
Pasaron horas y alfín el cartel de Tallahase se hacía visible, algo me estaba guiando en mi mente hacia ellos, pero no sabía que, seguí ese peculiar rastro...
Tallahase estaba destruida, las raras cosas ni me miraban ¿Sería un fantasma? Seguí adelante. Vi una tienda atrincherada donde envez de un láser, me apuntaban dos, eran ellos.
Estaba alegre y felizmente, levanté las manos, volvieron a apagar los laseres y abrio la puerta Phil.
- ¡Phil! - Grité aliviado
- ¡NO TE ACERQUES! - Gritó apuntandome junto con un parde personas desconocidas.
- ¿Que pasó? - Pregunte muy nervioso
- ¡ Tú ! - Me dijo casi llorando.
Me lanzó un pequeño espejo y sin dudarlo lo cojí para mirarme, lo que vi, me sorprendió... Mis ojos eran un rojo escarlata profundo y de mi boca, dos enormes y punzantes colmillos relucían.
- ¿QUE ME HA PASADO? - Grité a Phil
- Te mordió uno de ellos ! - Gritó él
- Pero me siento igual ! - Le respondí
- Tienes Sed ? - Pregunto de manera muy tonta (Como pregunta éso en el apocalipsis), muy cómico.
- No - Le respondí riendome
- Entonces no vienes a matarnos, pasa - Me dijo aun apuntandome.
Entré despacio con los láseres apuntando hacia mi corazón y mi cabeza, la puerta se cerró rápido... Zach estaba de espaldas a mi, de repente, se dió vuelta...
- ¿ Jake, que te sucedió ? - Pregunto retóricamente.
- Ya lo sabes, un accidente.
De repente, unas ganas de avalanzarme sobre el y matarlo invadieron mi mente, me contuve y me retorcí, me lanzaron afuera, Phil se resistió a que lo hicieran y lo tiraron conmigo.
- Ves en la que te metiste ? - Me dijo el riendose.
- Es malo ser un héroe? - Pregunté algo enfadado.
- No, y por cierto, gracias por ello - Me respondió.
Caminamos unos metros hasta que una de esas cosas se apareció frente a mi, mirando a phil, cuando iva a avalanzarse... Me coloque entre medio y se estampó como piedra en mi abdomen, lo cojí del cuello y reventé su cabeza usando mi arma de mano que me devolvieron en el barracón.
- Veo que aun tienes la razón ¿No? - Pregunto el retoricamente.
- Por supuesto, por cierto ¿Como sacio mi sed? - Pregunte algo avergonzado.
- Amigo, es importante que estes hidratado, ven te daré un poco de la mía - Dijo el, la frase "Te daré" fue como oir música en mis oidos. Nos sentamos en una vieja cabina telefonica , el se cortó en la muñeca y dijo
- Ten cuidado de no morderme, toma cuanto quieras, intenta no vaciarme.
- Éso intentaré - Y comence a alimentarme, al instante, me sentía fuerte, pero él estaba como un papel de blanco. Lo llevé hasta una casa y allí pasó la noche, yo no pude dormir.
Al día siguiente, la mañana se prestaba para ir a correr, el sol relucía como nada, pero me hacía sentir mal, desgastado, Decidí esperar un rato... Y se nubló, salí a buscar provisiones. En pocos minutos regrese sin darme cuenta, mucha velocidad. El aun dormía, mi tentacion de devorarlo creció tanto que me coloqué sobre el, mordiendole el cuello suavemente ye intentando inducirle mas sueño, no sé como pero estaba anesteciado, me alimente de a poco. Me di cuenta que el era humano, decidi hacer algo, ya era tarde para dejarlo así de humano, tenia muy poca sangre... Lo mordi eyectando un fluido desde mis colmillos y el respiro nuevamente, se despertó de un salto y me dijo
- ¡Te pasastes! ¡Sabía que lo harías, mira lo que soy ahora! - Me grito con un falso enojo -
- Disculpame, ahora me siento mejor. - Le respondí riendome.
- Vamos a por el Pringao de Zach y sus indigentes ? - Dijo él.
- Sí, se lo merecen por echarnos - Le respondí.
Cuando llegamos a su barracón, nos dispararon repetidas veces sin resultado, rompimos la puerta y entramos, los inmovilizamos y Zach gritó
- Almenos dejenme ser uno de ustedes !
- No - Le respondí yo, mordiendo al instante su cuello, en pocos minutos solo era una carcasa, al igual que todos los demás. Ambos enfilamos hacia miami con su automovil.
Nos llevamos una sorpresa a medio camino, eran de los nuestros, pero masi nteligentes, pidieron un aventón. Al subirlos nos dieron las gracias y conducíamos, ellos iban muy bien vestidos y limpios. Uno de ellos preguntó
- ¿Ustedes también dominaron los instintos?
- Parece que sí... je je je - Respondí riendome.
- Es perfecto, nosotros vamos a Miami, ustedes ? - Pregunto algo confuso.
- Igual - Respondí sonriendo.
- Coincidencias - Murmuró Phil.
Y seguimos conduciendo, hasta que una barricada militar nos freno, no nos dispararon, pero nos pidieron bajar. Cooperamos muy bien y nos llevaron con un general, siempre vigilados, hablamos con él.
- Me presento, soy el Comandante Roger Stevenson de la Armada de Los Estados Unidos, veo que están infectados ¿Como controlan su aptitud?
- No lo sabemos - Contestamos los cuatro a destiempo
- Ya veo, ¿A dónde ivan? - Pregunto con gesto de sorpresa.
- A Miami, para salir de éste país.
- Pues el Mundo está igual caballeros, solo algunos paises no tienen Infectados.
- ¿Cuales? - Preguntó Phil.
- La mayoría de los Sudamericanos, exceptuando Brazil, China y Japón también estan franqueados.
- ¿Y adonde nos llevaran?
- A dónde gusten, Argentina, Colombia, China, Etcetera. - Hablaba él
- Bueno, mandenos a un lugar frío y donde tengamos alimento.
- De acuerdo, pero los matarán en el aeropuerto... Suban a mi helicoptero, iré de inmediato - Y se fue
- El piloto nos acompaño y subimos al helicoptero, de pronto, los "Infectados" comenzaron a atacar, una sanguinaria escena se libró ante nosotros, el piloto despegó.
Ya en el Aire a Phil le dió sed, intenté contenerlo, pero el muy Imbecil mordió al piloto, perdiendo nosotros el control y cayendo en picada, nos estrellamos...

Kuroshitsuji Capitulo 4 (1/3)

Luna

La luna es una
solitaria luz
única, irreverente
y despistada la
mirada que me
eleva a su infinita
contemplación...

Un camino de estrellas
iluminan mi peregrinar,
como enjambres de abejas
que persiguen mi caminar.

Cuervos negros (o Un día de campo)

El ala del cuervo
Dio un grito de horror terrible,
y tornado loco el ciego,
en carrera desatada,
fue tropezando y cayendo
por los bosques; y apretando
contra el dolorido pecho,
entre los puños crispados,
la espantosa ala del cuervo.

Rubén Darío

La Belleza de Márgaret

Márgaret siempre había sido la chica popular del instituto, era atractiva, engreída y rodeada de supuestas amigas que en realidad la envidiaban. Márgaret podía tener a cualquier chico que se propusiera, no necesitaba molestarse en desarrollar una personalidad interesante, pues su aspecto le era suficiente. Así pensó durante largos años, así creyó que se comería el mundo, pero se equivocó.

Todo empezó un Lunes por la mañana, en el que tras despertarse y visitar el baño descubrió que un molesto grano había crecido bajo su labio inferior. De ninguna manera podía asistir a clase con tal protuberancia en la cara, su reputación en el instituto dependía de ello. Preocupada por ser juzgada por los demás no tuvo más remedio que ocultarlo bajo una tirita.
Las clases comenzaron y afortunadamente nadie osó en preguntar sobre la novedad que llevaba bajo su labio, sin embargo, en ocasiones descubrió a sus amigas cuchichear a sus espaldas con sonrisas de malicia. Pero... ¿que más daba? En realidad no le importaba, pronto volvería a ser igual de hermosa y ellas no tendrían más remedio que resignarse.

El día transcurrió con normalidad en el instituto, hasta el instante en que necesitó visitar el escusado. Al entrar en él no pudo reprimir la expresión de repugnancia al verse reflejada en el espejo, pero más aún le resultó evitarla cuando descubrió que un cerco amarillento se dibujaba en el esparadrapo. Al instante se deshizo de la tirita y miró lo que había debajo:
El grano había adquirido forma de de cráter, su contorno se encontraba rojizo por la
hinchazón y de su interior salía pus a borbotones.

Márgaret regresó a casa sin explicaciones. Nadie debía verla en tan lamentable estado y,
como su padre se encontraba de viaje por motivos laborales, no tuvo más remedio que
intentar curárselo por sí misma.
Pero los días pasaban y su aspecto empeoraba; de su interior creció un aceitoso y rígido pelo negro que se quitó mediante un tirón de pinzas. El dolor fue descomunal aquella noche. Mientras intentaba dormir podía escucharlo palpitar en si cabeza una y otra vez, susurrando su nombre en sueños.

"Márgaret... Márgaret..."

Se despertó bañada en un sudor frío. Su almohada estaba completamente empapada, y su
rostro latía como si el corazón se encontrara tras su mejilla. Sin embargo, a pesar de ahora encontrarse consciente, volvió a escuchar aquella decrépita voz en su mente; No podía ser real -pensó-.

"Márgaret..."

Completamente turbada corrió hacia el baño. Allí su expresión pasó del sobresalto al
completo pánico cuando descubrió que, en el lugar donde el pelo había sido arrancado, ahora yacía un orificio profundo. Un agujero inmundo del cual emergía un hedor agrio y pútrido, una obertura sin fondo que se contraía y dilataba a medida que escuchaba susurrar en su cabeza.
Resultaba perturbador pensar que el grano era la fuente de su delirio, que
aquel esfínter monstruoso estaba vocalizando su nombre a medida que ensanchaba y reducía
su radio.

"Márgaret... no podrás deshacerte de mí... Cuando tu comes yo me alimento de la grasa que se derrama por tus labios. Márgaret... dame un poco más... déjame crecer"

De haber evitado la superficialidad Márgaret hubiese aprendido que las personas que
realmente te aprecian son aquellas que no sólo te alaban por tu belleza, son aquellas que se preocupan por tus problemas. Quizás de esta manera hubieran descubierto que bajo aquella tirita no había nada y que aquel desagradable parásito era un reflejo del tumor que estaba incubando en su cerebro.

Lamentablemente ninguna de sus supuestas amigas se molestó en ir a visitarla, los días pasaron, y aquella enfermedad representada por su mente en forma de grano la acabó devorando.

Arcana - Wings Of Gabriel

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